Por fin he podido
acabar este libro, y es que comencé a leer antes del verano, y como fui
intercalando otras obras se me ha ido retrasando. Con él vuelvo al reto de Todos
los clásicos grandes y pequeños III, en la premisa de Clásico prohibido en algún momento de la historia.
Sinopsis oficial:
Madame Bovary, del francés Gustave Flaubert, es un clásico de la literatura del siglo XIX, ilustrado en esta ocasión por Fernando Vicente y traducido por Mercedes Noriega. Quién mejor que Mario Vargas Llosa, del que se conoce su entusiasmo y pasión por esta novela y sus personajes, podía prologar esta obra maestra; él, que descubrió Madame Bovary en los cines o, al menos, así él lo recuerda. De eso se trata, de que sea esta la edición que el lector recuerde, la de una novela que en origen se publicó por entregas, en la Revue de Paris desde el 1 de octubre de 1856 hasta el 15 de diciembre del mismo año; y en forma de libro, en 1857. Como escribe Mario Vargas Llosa en su prólogo: «En Madame Bovary ocurren tantas cosas como en una novela de aventuras ―matrimonios, adulterios, bailes, viajes, paseos, estafas, enfermedades, espectáculos, un suicidio―, solo que se trata por lo general de aventuras mezquinas».
Impresión personal:
A ver cómo os hago
para contaros mis impresiones de este libro. Ante todo, y como siempre digo
cuando reseño un clásico de la literatura universal no estoy haciendo un análisis
de la obra ya que hay estudiosos mucho mejores que yo, lo que hago es daros mi impresión
personal ante la lectura de este libro.
En principio, debo
deciros que la obra no ha llegado a entusiasmarme. Me alegro de haberla leído,
por supuesto, pero no es una obra que se vaya a quedar en mi corazón o que
pueda decir que ha sido toda una revelación como fue, por ejemplo, Frankestein.
Esos capítulos se me hicieron eternos, con lo cual acabé intercalando otras obras y aplazando un poco la lectura de esta.
Como curiosidad os cuento que al empezar a leer Un viaje de novios de Emilia Pardo Bazán encontré en el preámbulo de esta obra unos pensamientos de la autora gallega que reflejan muchísimo mejor que yo lo que sentí con este libro: "No censuro yo la observación paciente, minuciosa, exacta que distingue a la moderna escuela francesa; desapruebo como yerro artísticos, la elección sistemática preferente de asuntos repugnantes o desvergonzados, la prolijidad nimia, y a veces cansada, de las descripciones, y, más que todo, un defecto en que no sé si repararon los críticos; la perenne solemnidad y tristeza, el ceño siempre torvo, la carencia de notas festivas y de gracia y soltura en el estilo y en la idea..." "Estos realistas flamantes se dejaron entre bastidores el puñal y el veneno de la escuela romántica, pero, en cambio, sacan a la escena una cara de viernes mil veces más indigesta..."
Sí es verdad que es
un personaje que puede llegar a ser rompedor para su época, una mujer que no se
conforma con lo que tiene y busca la felicidad, pero es tan sumamente
inconformista que se hace pesada.
Por otro lado, tengo que comentar que la edición de Tres
hermanas, a pesar de poseer las magníficas ilustraciones de Fernando Vicente,
ha dejado mucho que desear. En el prologo me he encontrado fallos de corrección
que no se han detectado, pero encima en un momento dado, y en un acontecimiento bastante importante (porque si hubiera sido en uno de esos enormes pasajes de descripciones me hubiera
dado igual) se “comieron” unos cuántos párrafos y cuando pregunté por Twitter conseguí
los párrafos que me faltaban por unas compañeras y no supe nada de la editorial…
Errores que entiendo como humanos que somos, pero que si te avisan por lo menos
deberían responder…
En fin, una obra que
ha pasado por mis ojos sin pena ni gloria. No ha llegado a conmoverme, por lo
menos Anna Karenina (homóloga en cuestión de trama) me gustó mucho más. Solo recordaré
a Emma Bovary como ejemplo de inconformismo…




